lunes, 19 de octubre de 2009

CoMeNzAnDoOo



Como el olor a limpio de la primera página de un libro.

Como el agua fría impulsando la sangre en las venas.

Como las briznas del caballo ondeadas sobre el horizonte.

Como el pequeño síncope que precede al orgasmo.

Como el brillo amargo de una gota desprendiéndose del limón.

Como el sabor dulzón de la primera palabra.



Comenzando.


lunes, 5 de octubre de 2009

PoLvO nEgRo


Tengo una lija en el pecho. Es áspera e incómoda, raspa mi garganta y mis pulmones al son de mi respiración. Y mientras raspa y raspa por dentro, y pone en carne viva mi interior, desprende, mezclada de sangre, pequeñas partículas negras que se acumulan sobre mi estómago.

Siento cómo acaba con mi carne y mis huesos, lentamente, mientras respiro, porque no puedo dejar de respirar, porque si dejo de respirar, muero. Así que me conformo con esta muerte lenta e invisible.


Mientras, se acumula ese polvo negro y pegajoso por dentro. Soy una macabra y oscura bola de nieve, un juguete para mis pesadillas.



martes, 16 de junio de 2009

SiN rAzÓn




A lo mejor te parece un poco cursi, pero sucede que una camina por el mundo y no para de encontrarse con cosas; y algunas de esas cosas, no sé porqué, brillan de una forma especial, tanto que es un verdadero placer detenerse tan sólo a contemplarlas. Y pienso que, si tú para mí eres una de esas cosas, si pienso que brillas de forma especial, por qué no he de pararte para decírtelo, porque cuánto me gustaría reflejar aunque sólo sea un poquito esa tuya la luz irisada y cegar levemente a alguien a mi paso.



martes, 12 de mayo de 2009

SiLeNcIO



ANTONIO VEGA
por isa



Convirtió la melodía en lenguaje.
Pronunció los nombres del Destino.
Y del Pasado más inhóspito.
Buscó respuestas entre partículas y estrellas.
Calzó zapatos de gigantes
Y camina como ellos.
Hizo descender el aire.
Habló de lo mundano en la magia
Y de la magia en lo mundano.

Se hizo Antonio Vega.



Es otro yo envuelto en otro envase. Se ha apoderado de mis miedos y deseos, de mi vulnerabilidad. Nació alejado e independiente, y sin embargo recorre un camino decorado con los mismos cuadros que el mío. En cada uno de sus acordes, de sus textos, encuentro trozos de un gran espejo que se rompió en mil pedazos mucho antes de los limbos y los sueños. Cada vez que los estudio fijamente, encuentro el leve reflejo de mi mirada. Ha sentido ya el amor que me queda por sentir, el terror que me queda por conocer, el dolor que me queda por sufrir, el vacío que aún no he tocado. Marca mi sentencia, mi existencia, Antonio Vega es mi bóveda, mi cúspide. Tan distinta, mi vida fue calcada sobre su cuerpo, y recorre una suave caricia alrededor de su ombligo.

No sé cómo es, no le conozco, no estoy loca (o al menos no tanto). Pero cuando lo escucho es como si ya lo hubiera escuchado mil veces en mil otras vidas, en mil otros sueños, o en mil otros silencios. Es el eco de mis pensamientos.

Ése es Antonio Vega.

Junio 2008











La música y mi alma se han quedado huérfanas.









sábado, 2 de mayo de 2009

AlReDeDoR



Abandónate. Deja que te alcance. Al fin y al cabo, estás corriendo hacia ella.




jueves, 23 de abril de 2009

MeRcUrIo



¿Cómo demonios podía siquiera aferrarlo? Se escabullía revolviéndose, dividiéndose, reuniéndose de nuevo, y huyendo, siempre huyendo. Una gota de mercurio que se descomponía en millones de pedazos, evitando el contacto físico, el más mínimo roce era siquiera impensable.

Siempre solo. Siempre sintiéndose vulnerable. Siempre frío y abandonado.



lunes, 30 de marzo de 2009

PrEcIpIcIo



Ana se asomó por el precipicio, de rodillas. Las manos justo en el borde, aferrándose a la piedra y estirando muuuucho el cuello. Quería ver todo lo que quedaba abajo.

Se incorporó y sacudió distraída las pequeñas piedras que se habían pegado en sus rodillas, por debajo del vuelo del vestido de flores. Sus ojos estaban inundados del profundo azul que se mezclaba por debajo de ella, entre el cielo y el agua.

Giró la cabeza tan fuerte que una de sus trenzas le golpeó en la mejilla. Buscó por el suelo hasta que se iluminó su frente, e hincó una rodilla en el suelo. Con cuidado pero veloz, deshizo los nudos de sus zapatillas, y tiró suavemente de los cordones.

Con la graciosidad del que actúa ante el público, colocó majestuosamente los cordones sobre la arista de la gran piedra que la sujetaba allá en lo alto, una detrás de la otra. Sonrío y se mordió el labio inferior. Acababa de construir su cable de funambulista.

Extendió los brazos en cruz y alzó la barbilla, y temblorosa, sobreactuando, colocó el pie derecho sobre el delgado cordón. Medio pie en la tierra, otro medio sobre el vacío absoluto. Parapetando, con el entrecejo fruncido y ademanes cómicos, fue adelantando el pie izquierdo. Volvía hacia atrás y agitaba los brazos, intentando con guasa guardar el equilibrio. Ana era la artista grácil y divertida dispuesta a asombrar a los ansiosos espectadores invisibles.

Ana tropezó y cayó, cayó por el precipicio hacia el vacío, con los ojos abiertos, con la sonrisa en la boca, con la certeza de que, al fin, caía.