domingo, 3 de junio de 2007

BoCaDoS

Asomada al precipicio del final de una aventura, me doy cuenta de que cada una de las experiencias que aparecen a nuestro paso son como una fruta. Qué panorama, señores. Ni una caja de bombones, ni una consecución de momentos enlazados como una cadena, ni siquiera lo que pasa mientras la planeas; la experiencia es una fruta, la que elijas, manzana pera plátano granada naranja melocotón melón… Una fruta, hay que joderse.

Un día cualquiera de una corriente vida. Estás en un momento de esos, el más vulgar, a lo mejor estás sacándote un moco. Da igual. Es un momento de muchos otros, pero de repente te dices: joder, hace mucho que no hay nada nuevo, necesito algo.

Entonces te vas a dar una vuelta a pasear un poco las ideas porque sacar mocos no es algo que te llene demasiado, y pasas por delante de muchos escaparates, de una floristería. Y te regalan una planta, elige la que quieras. Así que eliges un pequeño árbol frutal y te lo llevas a tu guarida.

Tras un duelo de miradas entre el estático arbolito y tú, un cuidadoso estudio de su aspecto exterior, y una vana duda de si eso era realmente lo nuevo que necesitabas, lo dejas en la mesa de tu habitación, ocupando más o menos el centro, y no lo puedes evitar, cada vez que entras en la habitación lo ves. Eso te ayuda a acordarte de regarlo y esas cosas, al principio más con la preocupación de que no se te marchite; luego ya como con ganas, con cariño, porque al pobre arbolito lo ves todos los días ahí, en la mesa, y qué menos que cuidarlo para que luzca bonito, y el cabrón es agradecido, y algunos días está verderreverde y te alegra la habitación y un poco también el día.

Total, han pasado tres meses y en una de las yemas de tu arbolito ha aparecido una flor, y desde esa flor atisba la amorfa figura de lo que adivinas será tu fruta. Vamos a ver, frutas hay en todos los lados y ya has comido tropecientas de todas las clases y sin prestar atención, pero ésta es diferente, es tuya porque nace de lo que has cuidado durante esos meses. Y te vuelves como una niña impaciente observando la fruta y midiendo el crecimiento y sacándola fotos, incluso hablas a tus amigos sobre tu fruta, y el arbolito va formando parte de tu vida, ya no es un extraño en la habitación, así que le cuentas tus cosas, tus penas y tus temores, tus mejores momentos, y el pequeño arbolito es testigo de tu vida, tus días, de ti; ahora él forma parte de tu vida.

Con paciencia y cuidados, la fruta va creciendo poco a poco, hasta que un día está totalmente formada, aunque su color aún es verde, pero sabes que muy pronto estará lista. Y ese día te das cuenta de una putada.

Aquí viene lo complicado.

Las experiencias son como las frutas. Al principio crees que lo único que te aportan es un esfuerzo extra, pero de ese esfuerzo va creciendo algo que te llena y que se mete en ti. Hasta que llega un momento, inevitable, en el que racionalizas que las experiencias, como las frutas, son caducas.

¿Qué quiere decir esto?

Esto quiere decir que la fruta es dulce al final. Tienes que dejarla madurar, tienes que esperar y currártelo, y luego disfrutarla en su momento, en aquél en el que su olor es tan intenso que baña la habitación, aquél en el que el mordisco es jugoso, el sabor fuerte y fresco, el tacto suave y sabroso. Ese momento es por el que has estado esperando desde el principio. Pero cuidado, no puedes esperar demasiado a pegarle el mordisco porque se pudre. Y aunque quieras guardarla y conservarla contigo para siempre, no puedes, porque con lo único que te quedarás en con una blanda y dulzona fruta podrida. No importa que le hayas cogido cariño, no importa que te haga feliz. Esa fruta tiene su momento. No hay alarma que te avise de cuál es, sigue tu instinto, porque es tu fruta y ella te dirá que es el momento de terminar, de dar el último pequeño bocado y guardar el recuerdo de su sabor en tu paladar.

Y luego pues se lo cuentas a tus amigos, el sabor, el aroma, el tacto, el suave color de su superficie… cada detalle, con una sonrisa en los labios, recordando que te encontraste con algo, que lo cuidaste, que fue parte de ti, y que cumplió antes de irse porque fuiste capaz de dejarlo marchar.

Así que aquí ando, mirando fijamente mi arbolito, con las tijeras en las manos, preparada para la poda y para el premio, sonriendo ya antes de probarla, porque sé que éste es el momento. Frutita, cómo te voy a echar de menos…

5 comentarios:

Carlos dijo...

Muy buen e interesante blog. Tal vez le interese el libro virtual para descargar EL ARTE DE LA VENTAJA.

Es un manual práctico para sobrevivir con astucia en el mundo. Lo que te han contado no es suficiente para triunfar: los conocimientos de este libro se aplican de forma inmediata con resultados excelentes.

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Saludos

isabeluka dijo...

¿? xDDDDDDDDDDDDDDDDDD

Faeriel dijo...

No le hagas caso, es un bot puteón buscando publicidad XDDD. Al menos a ti te hablan en español, que yo alguno me he tragado en inglés, y es menos creíble todavia XDDD.
A veces es difícil dejar marchar algo que ha vivido tanto tiempo contigo, y , aunque sepas que es lo mejor (para tí, para todos... qué mas da), siempre quedará en tí el hueco que, como bien dices, deja esa fruta fresca. Al menos tenemos el recuerdo, un buen frigorífico donde guardar toda la cosecha que nos va dando la vida :P. Son frutas virtuales, pero conservan el jugo de antaño, y es lo más cerca que podemos tener a todo lo que se va. Buen post ^^!
Por cierto, he visto tu naufrago!! Mola mucho!! Supongo que estaré incluido en GuiasStaffados, no sé qué consideras Alianza Zacutaria..., pero bueno, al menos si no estoy dentro cerca ando XD.

aly dijo...

Me ha gustado mucho el post isa, aunq seguro que si digo que muy currado me dices q va! si ha salido solo!! así que paso de decírtelo :P. Yo tengo un problema con la fruta, me encanta pero se acaban pudriendo siempre porq espero demasiado tiempo ;), tengo que ser más previsora! ;). Besitos hermosa.^^

Pau dijo...

Como metáfora es guay, tierna, realista y triste, efectivamente, es como la vida misma.

Yo prefiero pensar que a mi me regalaron una maqueta en vez de un arbol frutal rollo Waterworld... una maqueta persiste al tiempo, y a mí más me vale pensar así... por ahora.

De un modo u otro, bien comíendose una fruta, o destrozando a martillazos una maqueta, lo que cuenta es el sabor dulzón en la boca y los dedos llenos de pegamento, lo que cuenta es el camino, la meta ya la encontraremos en otro sitio.

Cuidate y aléjate de las playas de piedra, por si las olas, digo... por si las moscas...